No todos los tejidos respetan nuestra piel: algunos están compuestos de fibras fabricadas con elementos tóxicos o tratadas y teñidas con éstos, tienen una textura rugosa o propiedades que pueden alterar su PH y causar alergias: no facilitan la transpiración, retienen la humedad y, dependiendo de su composición, provocan alergias a las pieles sensibles.

Eso es aplicable a la ropa de cama, en donde pasamos ocho horas diariamente. Una ropa de cama de mala calidad puede afectar a nuestra salud a corto y largo plazo. La mejor fibra natural para las pieles sensibles es el algodón, ya que es suave, hipoalergénico, antibacteriano y delicado con el PH de la piel, por eso suele utilizarse en la ropa de los hospitales y en las mejores fundas de almohadas.

Esta fibra es tan buena para la piel que incluso se utiliza extracto de algodón como componente de algunas cremas, ya que su alto contenido en ácidos grasos insaturados alimentan la piel y aceleran su regeneración.

A esto se suma que no forma pelotitas, es fresco, ligero, transpirable, absorbe hasta 27 veces su peso en agua (absorbiendo, por lo tanto, el sudor, por lo que es ideal para sitios muy calurosos) y es cálido en invierno pero sin concentrar el calor en exceso.

El relleno de las almohadas es muy importante también, ya que tenemos una buena funda pero las propiedades del relleno no son las indicadas, nuestra salud se resentirá. Hay materiales novedosos en el mercado que están dando unos resultados excelentes: poliéster microfibra, poliéster hueco, viscofibra…

Ni todos los algodones ni todos los rellenos son iguales, aunque el material sea aparentemente el mismo, por eso es necesario comprar en tiendas que certifiquen que la calidad de su productos es alta; por eso yo te recomiendo que compres una almohada de Textiles Mora ecológica, ya que esta empresa lleva muchos años en el mercado y se caracteriza por la calidad de sus productos.