Si necesitas gafas sabrás lo malo que es ese momento en el que sales de casa con prisas agarrando los bártulos deprisa y corriendo y, cuando estás ya en el autobús de camino al trabajo, te das cuenta de que te has olvidado las gafas en casa.

Lo peor no es que no vayas a ver bien definidos los documentos que te toca leer ni que te cueste distinguir el número del autobús que está dos calles más allá (que malo es) sino que el hecho de esforzar la vista va a hacer que se te irriten los ojos, que se te cansen, que no resistas demasiado rato seguido sosteniéndole la mirada a tu ordenador y, lo peor de todo, que tanto forzar la vista te acabe ocasionando un dolor de cabeza que no va a acabar hasta que te calces las gafas. Ellas estarán en casa, echándote de menos tanto como tú las añoras a ellas ahora mismo.

Hombre con gafas

Las gafas, ese compañero incómodo

Pues bien, ya no tienes que sufrir porque estos momentos se vuelvan a producir, ni por lo engorroso de andar siempre limpiando las gafas, ni preocupándote porque la graduación te ha vuelto a cambiar y te toca pasar por la óptica a dejar unos cuantos billetes. La cirugía refractiva o de ojos es la respuesta y lo es de forma definitiva.

La intervención es sencilla. Consiste en pulir mediante láser la córnea dañada de modo que la vista se corrija y la miopía, hipermetropía o el astigmatismo den paso a una vista nítida. En caso de que la graduación sea muy elevada o que la córnea del paciente no lo permita, existe otra técnica igualmente efectiva. Se introduce una lente correctora sin extraer el cristalino del ojo y la mirada recupera su nitidez. Ahora bien, no todo el mundo es susceptible de ser sometido a esta operación porque cada ojo es específico. Hay que dejarse asesorar y examinar por un buen oftalmólogo que nos aconsejará lo mejor para nuestra mirada.

En caso de que no nos podamos operar la vista, paciencia. Hasta hoy hemos llevado gafas y al fin y al cabo ahora mismo están muy de moda. ¡Así que a lucir estilo!

Fuente: Dr. José Nieto