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Nadie dijo que adelgazar fuese a ser tarea fácil. Pero tampoco debemos asumir antes de comenzar que va a ser más complicado de lo que en realidad es. Hacernos la montaña demasiado alta en nuestra cabeza es el primer obstáculo que podemos encontrar para alcanzar los objetivos que nos hayamos propuesto. A continuación te damos cuatro consejos que puedes incorporar a tu rutina diaria sin necesidad de grandes cambios o esfuerzos de voluntad. Y, aunque los milagros no existen, esperamos que estos trucos te ayuden a conservar bien la figura.

 

Di adiós al fast food

Sin duda, debemos eliminar el fast food de nuestras vidas. Es una solución recurrente sobre todo a la hora de hacer un almuerzo rápido en la oficina, pero contienen demasiados conservantes y grasas que no hacen ningún favor a nuestra figura ni a nuestra salud. Existen muchas otras opciones en el mercado igual de rápidas y mucho más saludables. La mejor de todas son las ensaladas, con sus infinitas posibilidades y combinaciones de alimentos. No cometas el error de creer que las ensaladas son siempre un poco de lechuga con tomate y maíz. Con un poco de imaginación, puede comerse cada día una deliciosa ensalada diferente sin llegar nunca a aborrecerlas.

 

Desayuno potente

Consume un desayuno de 300 calorías, rico en proteínas y cereales, y sentirás cómo te llena de energía y calma tu hambre para el resto del día, ayudándote a comer menos en el resto de comidas. Si no dispones de mucho tiempo por las mañanas para elaborarlo, una excelente opción son los batidos Herbalife, muy ricos en proteínas y aptos como sustitutos de comidas.

 

Incorpora el ejercicio a tu rutina diaria

Hacer ejercicio no requiere necesariamente matricularse en un gimnasio. Eso te hace gastar dinero y requiere además un extra de voluntad con el que no todos contamos siempre. Así que si incorporas pequeño esfuerzos en tu cotidianidad, con pequeños cambios como subir escaleras en lugar de coger el ascensor, caminar o desplazarte en bicicleta en lugar de en transporte público o coche.

 

Renuncia al postre

No comer postre después de las comidas es un pequeño acto que, a largo plazo, te supone un gran ahorro tanto de calorías como de dinero. Este segundo factor puede servirte de motivación.